Después de casi 3 horas entre calles y buses, llegué a la última para da del bus 135, donde vivía Jacek, el chico de couchsurfing (www.couchsurfiing.org) que me iba a alojar. No podía haber tenido mejor recibimiento que unos Pierogi (parecidos a los raviolis o dumblings) hechos por su madre. Están hecho de masa de patata con bluberrys y queso dentro, y crema y azúcar por encima. En ese momento se me olvido las más de 10 personas a las que había tenido que preguntar donde paraba aquel bus y el par de kilómetros que había caminado con la mochila.
Jacek había pasado el ultimo año en Barcelona de Erasmus y hablaba un poco de castellano y catalán. En Wroclaw estudia en una de las ocho universidades públicas que hay, y por ser polaco tiene la educacion gratuita. Sus abuelos eran de Kviv, en el norte de la actual Ucrania. En 1945 con la nueva reestructuración de las fronteras, Lviv fue cedida a Ucrania. Si sus abuelos querían continuar siendo polacos tenían que mudarse. Durante más de 200 años Wroclaw ha estado dominada por los prusianos y por toda la ciudad se encuentran muestras de ello, como en la facultad de arquitectura de 1903 donde hay inscritas en alemán unas palabras, junto con varios agujeros de bala.
Después de visitar un poco el centro, algunas de las 12 islas y algunos de los 120 puentes que tiene Wroclaw le pedia a Jacek que si me podia mostrar algún barrio que no estuviera tan arreglado o reconstruido. Me miro como si fuera un bicho muy muy raro y me dijo en su siempre entusiasta y positiva voz: "Por supuesto que te puedo enseñar algún barrio feo de la ciudad". Al día siguiente fuimos a desayunar aun Mleczny bar (MilkBar) donde a primera hora de la mañana se juntan los vagabundos con los ejecutivos y mas tarde lo invaden los estudiantes. Pidió 3 desayunos diferentes para que probara, y en total no costo más de 2,5 Euros. Luego fuimos a un barrio antiguo cercano al centro donde los edificios conservan su forma arquitectónica a pesar de la pintura descorchada, los balcones oxidados y las ventanas rotas. Después le dije que quería que me enseñara su universidad. Volvió a poner cara rara y me llevo.
Ya estábamos a sábado por la noche y quedamos con su novia Johanna y otra chica polaca Dorota y fuimos a una taberna toda de madera, con cada silla de estilo diferente e iluminada solo con velas. Pedimos un vino caliente, ya que aunque quisiera negarlos empezaba el frío que tenia claro que me acompañará durante todo el viaje.
Sonó el timbre y era su hermana con su hijo recién nacido hacía unos meses. Jacek me dijo a escondidas que hoy su madre cocinaría, ya que solo cocina cuando viene su hermana o cuando él vuelve de viaje y le ha añorado. Esta vez fueron Pierogi Rusos o Tradicionales, solo rellenos de queso, y con crema, sal y pimienta por encima.
Eran casi las 16h cuando estábamos paseando cerca de su casa. Me habia dicho que había un cementerio abandonado cerca y decidimos ir. Tuvimos que saltar un muro de dos metros. Al otro lado había cientos de tumbas, algunas rotas, caídas, torcidas, invadidas por arbustos y hojas de los arboles ya en otoño. Algunas eran de antes de la primera guerra mundial, otras de la segunda. Aquí parece que todo ser rige según fue antes, durante o después de que gran guerra. Algunos panteones habían sido abiertos , algunos nombres apenas se veían debajo de tanta maleza. En nada ya había llenado mi tarjeta de la cámara de fotos.
Llegó el lunes, era hora de moverse. Desayune tarta de ciruelas hacha por su madre, un pancake y café de Jacek y unos cuantos abrazos.
Ya estábamos en Octubre, otoño en Polonia, y estaba en un tren hacia Cracovia. En la estación de Cracovia me estaba esperando desde hacía una hora Pawel. Los siguientes días los pasaría durmiendo en una hamaca y con dos gatos.